En 2022, el número de mujeres víctimas de violencia de género aumentó en un 8,3%, alcanzando un total de 32.644 casos. La tasa de incidencia de este tipo de violencia fue de 1,5 por cada 1.000 mujeres mayores de 14 años. Por otro lado, el número de víctimas de violencia doméstica experimentó una disminución del 1,1%.
Crecer en un entorno violento deja una profunda huella en la mente, el comportamiento y el estilo de vida de los niños. Cuando un niño es testigo de violencia en el hogar, internaliza un modelo de relaciones afectivas y sociales basado en la violencia. Aprenden que el acto de gritar, insultar o recurrir a la violencia física en momentos de enojo es aceptable o incluso la forma correcta de resolver conflictos. Estas repercusiones no solo se limitan a la infancia, sino que perduran a largo plazo, afectando tanto la adolescencia como la vida adulta.
En su obra "Leviatán", el filósofo Thomas Hobbes sostiene que el estado natural de los seres humanos se caracteriza por la violencia y la continua confrontación sin motivo aparente. En este estado, no hay un control ni estabilidad, lo que genera un ambiente de inseguridad y conflicto constante.